Cañete Siempre

Mayo 2, 2007

El Lado Oscuro de “La Fuerza”

Archivado en: Uncategorized — canete @ 6:43 am

yoA raíz del comentario de un lector de Lanalhue Noticias en donde fueron publicados mis recuerdos de mi profesor, el “Señor Rocha”, que decía que en ese tiempo se practicaba el castigo físico a los alumnos ; escribí la que a continuación muestro y que fue publicada allí mismo el día 16 de abril del 2007

Esto es parte de aquella negra historia:

Viendo las noticias me entero de una niña que fué castigada por su profesor, y esto me lleva a recordar que debo escribir algo que prometí respecto de estas situaciones en mi escuela.

Primero debo contar que a mi padre, según contaba él; mi abuelo lo castigaba de manera brutal, me contaba que una vez lo más suave que hizo fue romper la picana de los bueyes en su espalda. Tan salvaje era mi abuelo que cuando llegaba por las noches, todos ellos, sus hijos; se metían debajo de la cama para no ser alcanzados por “la fuerza” de su furia.

También me contaba mi papá de la forma en que los profesores castigaban a los alumnos estando él en la escuela; en especial me contaba de una vez que un profesor aplicó una bofetada con tal fuerza en el rostro de un niño que este azotó la cabeza en el muro frente a la puerta del sala de la Dirección, que le produjo un tec y posteriormente el fallecimiento.

Bueno, con el tiempo me tocó probar de esta misma medicina en carne propia, con razón a veces, sin razón en otras. En una oportunidad estuve durmiendo como un mes boca abajo, porque mi papá me molió de tal manera la espalda con un pedazo de manguera de goma, que no podía dormir de otra manera. Me pregunto ¿era necesario aquello?; no lo sé.

La primera vez que el asunto se puso feo en la escuela fue una vez en primer año, estando solos en horario de clases, nos pusimos a jugar con tal escándalo en la sala que cuando nos sorprendió el Sr. Palacios nos hizo formar adelante para proceder a sacarse la correa del pantalón, para disciplinarnos, acción que hizo que Jorge Rivera se pusiera a llorar de tal manera que el profesor tuvo lástima de nosotros y nos perdonó. Para ser sincero, no recuerdo si el señor Palacios nos aplicó castigo físico alguna vez.

Posteriormente durante el año 1965 siendo alumnos del Sr. Maureria el profesor que recuerdo casi con devoción, nos castigó muchas veces, propinándonos fuertes bofetadas en el rostro. También recuerdo una vez en ese mismo año que Juan Fernández un compañero, le pegó a un alumno de otro curso; resultando que el profesor era su propio padre , el que persiguió a Fernández hasta la sala y le propinó literalmente una pateadura. ¿A quién reclamar? No había en ese tiempo.

Posteriormente el año 1966 cuando se marchó el Sr. Maureria y durante algunas semanas nos hicieron clases distintos profesores, en matemáticas el Sr. Luis Faúndez, nos daba con una regla de madera gruesa en los nudillos de los dedos. ¿A quién reclamar? No existía tal mecanismo.

Cuando nos comenzó a hacer clases el Sr. Rocha, mi querido profesor; tenía algunos métodos nuevos; nos castigábamos nosotros mismos, a veces. ¿Cómo era eso? Muy simple.

Nos hacía dictados en el pizarrón y el que detectaba una falta de ortografía podía ir a corregir a su compañero y aplicarle un “coscacho”. Yo personalmente les dí a todos mis compañeros porque desde siempre he tenido buena ortografía.

Ahora, si por casualidad nadie se percataba de una falta en la escritura del que estaba escribiendo en el pizarrón, nos daba vitamina “C” a todos. ¿Qué era la vitamina “C”?. Sencillo, se sacaba el Cinturón y nos daba tres “comprimidos” por la espalda. ¿Qué tal?
De aquella “vitamina” recibimos una dosis todos en muchas oportunidades, nadie se escapó.

Yo no quiero entrar a juzgar desde aquí el actuar de esa manera de mis profesores, sólo quiero retratar una época que ha pasado, lamentablemente no del todo, ¿por qué? Porque desde siempre el hombre ha hecho uso de la fuerza para imponer, y no de la razón para reprender.

Quiero decir que ese uso de “la fuerza” se realiza porque nuestra idiosincrasia es así; arreglar a golpes o insultos todo; además se hace cuando el adversario es débil y no puede defenderse; lo digo porque me tocó estudiar en una época cuando se combinaban en la sala en un mismo curso niños de 10 años con jóvenes de 18, por ejemplo; entonces con los “grandes” los profesores no se metían.

Además estábamos, los alumnos, en un estado de indefensión total, no existían para los efectos (por lo menos en mi escuela) sicólogos, orientadores y ramos afines con que se cuenta actualmente; por lo que estas prácticas traían algunas consecuencias que en muchos casos pasaban desapercibidas por los adultos , que tampoco estaban en condiciones de enfrentar estas situaciones porque su preparación académica en muchos casos era precaria ; además que el castigo físico se practicaba en casa por lo tanto era “normal” aquello.

Recuerdo una vez en el año 1969; en 6to año básico, en que estábamos rindiendo una prueba con el Sr. Rocha; y así como terminábamos salíamos de la sala para no molestar al resto; entonces como seis nos fuimos al gimnasio a jugar a la pelota, sorprendiéndonos allí el sr. Manlio Navarrete, y por ser dueño de la pelota, me dio una bofetada en la mejilla izquierda con tal fuerza que casi me desmayo. ¿A quién le reclamaba? No había esa instancia.

Al año siguiente, cuando nos haría clases un profesor en cada asignatura, me encontré con la desagradable noticia que el sr. Manlio Navarrete sería mi profesor de Educación Técnico Manual, situación que ocasionó que hiciera la “cimarra” hasta que fui sorprendido en la calle Villagrán frente a “El Vergel” por mi papá. Hubo “gran escándalo gran” porque mi mamá tuvo que ir al colegio a recibir la noticia de parte del sr. Raúl Durán, y se hablaron muchas cosas, pero nadie me preguntó por qué hacía la cimarra. ¿A quién le confiaba todo? No había a quién.

Entonces aquellos “resabios” como se dice, no eran más que prácticas “normales”, propias de una época dura y difícil para todos, además porque la formación en general era de esa manera y no había forma de cambiarla por el momento.

Por lo mismo; no existe; en mí por lo menos, rencores, traumas ni resentimientos con nadie; sólo hay gratitud y amor hacia mi Escuela Nº1 y mis profesores. Sólo he querido relatar esto para que no se crea que todo era color de rosa.

Las cosas han cambiado hoy, los hechos que se ven en la televisión son aislados y puntuales, no son una práctica común; sólo obedecen a situaciones, diríamos “extraordinarias”.

Mis hijos no tuvieron esos problemas en sus colegios, yo no lo hubiera permitido porque jamás los castigué físicamente; esos tiempos pasaron; y debemos todos adaptarnos a las nuevas modalidades y encontrar el equilibrio entre las exigencias y las restricciones para vivir en una sociedad armónica y saludable, en donde el respeto abunde para poder vivir en paz.

Sólo de esa manera estaremos honrando el verdadero legado de nuestros queridos profesores.

Blog de WordPress.com.